viernes, 21 de octubre de 2011

Afecto, afección y afectación en Celestina

Fothergill-Payne, Louise. “Afecto, afección y afectación en Celestina”. Revista Canadiense de
Estudios Hispánicos. Vol. 15, No. 3, Estudios Hispánicos en el Canadá (Primavera 1991),
pp. 401-410. http://www.jstor.org/stable/27762853


En su artículo, Afecto, afección y afectación en Celestina, Louise Fothergrill-Payne examina la tragicomedia de Fernando de Rojas por una perspectiva lingüística y da una crítica de la obra alineándola con conceptos estoicos y semióticos. Por su análisis, usa como una base la filosofía de los estoicos explicar la evidencia de falsificación e inestabilidad de los personajes en la obra. Esta evidencia lingüística convierte la que parece una historia hermosa de amor en una proclamación de exceso y artificialidad.

Antes de analizar la obra, Fothergrill-Payne da antecedentes de la filosofía estoica. Comienza introduciendo la conceptualización de la variedad de significados que pueden venir de un solo significante. Esta variación produce una confusión para el lector y es necesario deducir cuál es el significado correcto. Según Séneca, un solo vocablo produce unos significados éticos, físicos y lingüísticos. Respectivamente, estos tres significados sirven al ser para conocer su nivel de participación en el universo, para saber dónde está su propio lugar dentro de este universo y para analizar y entender los papeles que hacen estos conocimientos. Dentro de esta relación íntima entre los significados de una palabra, viene la necesidad de entender el affectus. El affectus viene del verbo latín que significa, “poner en cierto estado.” Por este proceso de la traducción y la transmisión, es más importante “seguir el seso (el sentido) que la palabra” determinar su affectus. Además, lo que es importante a la análisis de La Celestina, es que el affectus puede conllevar un significado lingüístico, que se manifiesta en forma de “verbosidad excesiva, retórica vacía, mentiras y lisonjas (Fothergrill-Payne, 1991).

De allí, sigue analizando el lenguaje que usan los personajes de la tragicomedia y aplica la teoría anciana del affectus revelar la inestabilidad y falsificación de la afección y amor que comparten Calisto y Melibea. Es aparente que Calisto y Melibea son víctimas de lo que describe Fothergrill-Payne como un afectus amantium, o es decir, “el loco amor de los enamorados.” El amor de Calisto a Melibea y de ella a él está contado por lamentos dramáticos y extremos en que Calisto describe la consumación de todo su pensamiento en ella y se la pone en el nivel de una diosa. Además, Melibea describe su vehemente deseo como una enfermedad y el remedio es “la medicina” que prescribe Celestina. Aquí, no vemos la afección amorosa de Calisto a Melibea, sino la afección verbal. Esta palabrería verbosa caracteriza la artificialidad y la insinceridad del amor entre ellos.

La obsesión del amor, o el vínculo del affectus entre los dos crece cuando a Calisto comienza a valer más el amor que su honor, la clase y su familia. De modo similar, Melibea rechaza los planes de matrimonio que querían sus padres y pierde su honor por tener sexo con Calisto- la expresión física de un amor compuesto de afectación. El amor se hace más importante que todo, pero es un amor superficial expresado por palabras. Esta codicia de amor eventualmente termina con las muertes de los dos personajes. El suicidio de Melibea después de la muerte anti climática y accidental de Calisto está motivado por la injusticia vivir sin amor, o lo que sea la ilusión y distracción del amor.

En su justificación de suicidarse a Pleberio, de nuevo Melibea usa la misma técnica lingüística elaborar excesivamente con verbosidad su causa. Hace referencias a otros que infligieron pena a los padres y compara que su pecado de suicidarse no es tan cruel como otros, dando ejemplos. Para el lector, este lamento absurdo invita la risa en vez de la compasión. Además, del mismo estilo, Pleberio sigue lamentando la muerte de su hija pidiendo al público, los amigos, los señores a sentirse su dolor, su pena en una proclamación lleno de llantos, gemidos y congoja. Al fin de esta escena tan dramática, termina su llanto con un cliché que al lector, actúa como una invalidación de todo que ya ha dicho. La existencia de la afectación de la palabra dicha por toda la obra es muy aparente. Porque el lenguaje es tan dramático y excesivo, muchas veces los dichos no alinean con los hechos de los personajes.

Concluye el artículo con la idea que para interpretar la obra, es necesario entender este desacuerdo entre los dichos y los hechos por la obra y el uso extremo de lengua excesiva y verbosa. Estas técnicas no muestra la emoción de los personajes, sin burlarse de la clase alta. Entonces, el clave entender el propósito de la obra es en el signo lingüístico y su interpretación. Sobre todo, entender el signo lingüístico, hay que entender el affectus y su efecto en los personajes y entre ellos.

2 comentarios:

  1. Apariencia y realidad a través del signo, de la palabra. ¡Qué sociedad tan compleja y perversa nos muestra Rojas en la Celestina!
    Me pregunto a veces ¿Es un mal que aqueja a toda nuestra sociedad occcidental? ¿De qué manera y en qué medida? ¿Y en los medios de comunicación, cómo es este affectus hoy?

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  2. Después de analizar este artículo, parece que mis ojos están abiertos a la verdad de La Celestina y tengo una idea más comprensiva del amor durante este tiempo. Seguro que en nuestra sociedad este affectus nos aqueja cada día. La motivación encontrar un novio o un esposo es tan importante. Pero, el lenguaje que usa la gente a través de los mensajes de texto y facebook etc es muy fuerte. Como vemos en La Celestina, la gente de hoy (más o menos joven), están “locos del amor.” Usan palabras vacías, que no están cargadas con emociones actuales, solo proclaman el amor por proclamarlo y usualmente, no hay ningún tipo de amor actual dentro de este lenguaje. Es una idea muy interesante que nos conecta con el pasado, pero que enfatiza una característica mala de la gente que no se puede quitar a través de los siglos.

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